Archive for February 1st, 2009

ESCOITÓFONO

240447

 

El próximo domingo se celebrará en Galicia una manifestación organizada por la plataforma Galicia Bilingüe, en la que se reivindicará el derecho de los gallegos a elegir el idioma que quieren utilizar y aquél en el que quieren que sus hijos estudien.

El lector (no sé cuánto habrá de retórico y cuánto de literal en este singular) conoce ya numerosos casos llamativos de discriminación “positiva” de catalán, vasco y gallego, tales como que en la convocatoria de plazas de médico el idioma autonómico suponga ochocientos mil puntos frente a una milmillonésima de punto por tener el doctorado (cifras aproximadas); o que para que los hijos puedan tener por lengua vehicular el español deban acudir a un colegio privado situado a varios años luz de su domicilio y pagarlo hipotecando todos sus bienes presentes y futuros (cifras aproximadas otra vez).

Sin embargo, el caso gallego tiene algunas peculiaridades (como no podía ser de otra manera): Resulta curioso que la imposición lingüística se esté dando en una región en la que el nacionalismo está representado por la tercera fuerza política, y pese a ello su virulencia no le va en zaga a la que viven catalanes y vascos. La semana pasada los bomberos de Vigo explicaban que habían recibido la instrucción de eliminar toda la documentación en español que tuvieran disponible en los camiones. Poco antes, tuve la ocasión de conocer al propietario de una imprenta a quien están haciendo la vida imposible por tener su lista de precios en la lengua de Cervantes.

Una de las principales peticiones de los convocantes es la derogación del DECRETO 124/2007, cuyo contenido no tiene desperdicio:

Artículo 2º.-Uso de la lengua gallega en la Administración educativa.
1. La Administración educativa de Galicia, los centros de enseñanza dependientes de ella y el personal a su servicio utilizarán, con carácter general, la lengua gallega y fomentarán su uso oral y escrito tanto en sus relaciones mutuas e internas, como en las que mantengan con las administraciones territoriales y locales gallegas y con las demás entidades públicas y privadas de Galicia, sin que esto suponga una restricción de los derechos del personal docente.

2. Los documentos administrativos de la consellería competente en materia de educación y de los centros de enseñanza dependientes de ella se redactarán, con carácter general, en gallego, y en ellos constará, en su caso, el nombre del centro y el topónimo del ayuntamiento o entidad de población en su forma oficial.

3. Las actuaciones administrativas de régimen interno de los centros docentes, como actas, comunicados y anuncios, se redactarán, con carácter general, en gallego, excepto el referido a comunicaciones con otras comunidades autónomas y con los órganos de la administración del Estado radicado fuera de la comunidad autónoma, en las que se utilizará el castellano. Además de los procedimientos iniciados de oficio, también se redactarán en gallego los procedimientos tramitados a petición de los interesados, sin perjuicio de lo establecido en el artículo 36.3º de la Ley 30/1992, de 26 de noviembre, de régimen jurídico de las administraciones públicas y del procedimiento administrativo común

Artículo 9º.-Educación secundaria obligatoria.
1. En la educación secundaria obligatoria se impartirán en gallego las siguientes materias: ciencias de la naturaleza, ciencias sociales, geografía e historia, matemáticas y educación para la ciudadanía. Cuando la materia de ciencias de la naturaleza se desdoble en biología y geología por un lado, y física y química por otro, ambas materias se impartirán en gallego.

Artículo 10º.-Bachillerato.
En el bachillerato el alumnado recibirá por lo menos, el 50% de su docencia en gallego, en los términos establecidos para esta etapa en el Plan general de normalización de la lengua gallega aprobado por el Parlamento de Galicia el 21 de septiembre de 2004 que se incluye como anexo al presente decreto, alcanzado la competencia lingüística propia del nivel en ambas lenguas.

 

Quien disfrute con estas simpáticas lecturas, debe también echar un vistazo, antes de aburrirse con las reflexiones que me dispongo a compartir, a la Ley de que trae causa el decreto (cuya derogación no propugna, hasta donde yo sé, ningún partido político con representación en el Parlamento Gallego).

Empezaré diciendo que quien estas líneas escribe es hablante natural de gallego. Créame que no soy amigo del vicio consistente en autorizar las opiniones blandiendo membresías o cercanías casuales (el consabido “tengo muchos amigos gays” para hablar de la homosexualidad, o el “tengo muchos amigos negros”, para abordar el racismo) pero hago notar mi condición de gallegoparlante para dar después cuenta de las situaciones ridículas que los que la ostentamos debemos padecer.

Desde que tengo uso de razón, he empleado el gallego con la más absoluta de las naturalidades.  Es la lengua de mi madre, de mis abuelos, de mis bisabuelos, y así hasta donde se guarda memoria. El vínculo lingüístico se ha mantenido sin objeción alguna bajo todo tipo de regímenes y sin necesidad de medidas tuitivas de ninguna clase. Y sin embargo es hoy, en el S. XXI, cuando tengo la fundada convicción de que al gallego le han cavado ya la tumba. Y es que esta lengua no corre peligro por su convivencia con el español, sino por la cutre canivalización a la que se ve sometida de un tiempo a esta parte. El despropósito es tal que los promotores de la eufemísticamente llamada “normalización” no tienen inconveniente, en aras de saciar su afán diferenciador, en cambiarle el nombre a mi queridísima Galicia, empleando en su lugar el término Galiza, con el sorprendente argumento de que alguien una vez hace muchos muchos siglos lo escribió así (no alcanzo a comprender por qué no se refieren, con idéntico argumento, a Vigo como Vicus, a Andalucía como Al-Andalus, o a Turquía como Constantinopla). Algo parecido sucede con el término grazas, en este caso sencillamente inventado con el evidente propósito de separarse del imperialista “gracias”, único, por cierto, empleado entre los hablantes de todas y cada una de las variantes del gallego.  Semejante retorcimiento lingüístico ha sido entusiastamente acogido en el libro de estilo de la Radio Televisión de Galicia (con el precedente efímero y fracasado de sustituir gracias por graciñas, que resultaba tan pintoresco en el lenguaje formal como ver a un presentador de la televisión argentina decir gracias pibe con tal de evitar la lacónica fórmula de la metrópolis). Igual suerte corren toda clase de barbarismos, lusismos y cualquier –ismo que cumpla la única e inexcusable condición de generar una fórmula distinta a la del español. Así, y sin posibilidad de ser exhaustivo (pues no es en este caso cuestión de ánimo), se ha promovido el reconocimiento de una especie frutal llamada kiwiño, las cabinas de teléfono nos invitan a tragarnos las monedas (pues en las pantallas se puede leer “inxira moeda” para evitar poner “inserte”, que pecaría de identidad con el español, dando por pasable la irrelevante pega de que “inxerir” signifique “ingerir”),  en los ascensores de los centros comerciales leemos la existencia de plantas denominadas soto (no vaya a pensar nadie que poniendo la palabra correcta en gallego, es decir, sótano, el teclado aparece rotulado en alguna lengua extraña), y así podría seguir hasta acabar con su paciencia y hasta con su vigilia.

Lo más llamativo de la situación es que los agentes de tamaña empresa (y los hay de toda índole y condición, siendo nexo habitual entre ellos el no haber pronunciado una palabra en gallego hasta la edad de maquetar sus siempre amables panfletos), son los que vienen tras de nosotros, lápiz (afilado) en mano, para corregir lo que consideran meros disimulos diglósicos frente a las fórmulas auténticas.

La paulatina imposición de esta cosa, hija putativa del gallego y que no resiste un análisis filológico ni histórico distinto al del esperanto, está dando lugar a dos generaciones horrorizadas, y una tercera empobrecida. Las dos primeras (abuelos y padres) dominan el español y el gallego. La tercera, los más jóvenes, no domina el español, no domina el gallego y está siendo condenada a vivir en un esperpento normativo en el que tienen que hablar la cosa para acceder a sus puestos de trabajo.  Ellos no solo son la primera generación que no heredará la lengua gallega, que si nadie lo remedia aquí se queda, sino la primera que no puede emplear con normalidad el español. Como hemos visto en las normas antes reproducidas, en Galicia, los padres que quieran que sus hijos tengan por lengua vehicular el español (pensando, por ejemplo, en que es un patrimonio de incalculable valor por tratarse de una de las lenguas más habladas en el mundo y que solo podrán dominarla en registro culto si hacen uso de ella en la escuela) tienen que recurrir a la enseñanza privada (sensu stricto) o, no se alarmen, al exilio, donde no tendrán que escuchar, como yo he hecho, llamar escoitófono al teléfono (les aseguro que suena exactamente igual que decir en español “escuchófono”).

Es por ello que este rincón de Internet aplaude la iniciativa de Galicia Bilingüe. Que alguien vaya avisando a la Subdelegación del Gobierno por si con este apoyo hay que ir tomando las medidas que se echaron en falta una vez en Madrid.

Published in: Uncategorized | on February 1st, 2009 | 10 Comments »