Archive for March 19th, 2009

NO CODICIARÁS EL MÓVIL DEL PRÓJIMO

 

Las pequeñas injusticias, los ilícitos en los que el esfuerzo requerido para su persecución es mayor que el resarcimiento esperable, generan en cualquier ciudadano una enorme frustración, en la convicción de que, por más evidente que sea la injusticia, resulta imposible combatirla. Es lo que nos pasa si alguien deja que su perro haga sus necesidades en la acera, si un gamberro nos despierta porque le parece muy divertido pasar la calle tocando el claxon o si nos quedamos sin línea de teléfono durante un par de horas. Sabemos que se trata de hechos que provocan un daño y que llevan aparejadas consecuencias civiles o penales, pero raramente se nos pasa por la cabeza llevar a cabo acción alguna al respecto. Esta inactividad nos puede plantear una duda ¿no se puede revocar la injusticia porque nadie actúa al respecto, o nadie actúa al respecto porque no se puede recovar la injusticia? En más de una ocasión, quien escribe estas líneas se había planteado esta pregunta, en forma de “¿…y que pasaría si ahora pusiera todos los medios necesarios para resarcir el pequeño perjuicio? ¿Alcanzaría mi objetivo o antes o después me vería obligado a abandonar? Y como no soy persona que guste de quedarse con la duda, he llevado a cabo un experimento jurídico que hoy tengo el placer de compartir.

PRINCIPIOS DE JULIO DE 2008, POR LA MAÑANA:

Me encuentro tomando un café en un bar de cuyo nombre no quiero acordarme. Llevo conmigo un teléfono-PDA como el de la imagen. Aunque no soy especialmente gadgetófilo, los que me conocen saben de mi devoción por este pequeño ingenio.

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EL MISMO DÍA, UN POCO MÁS TARDE:

A los pocos minutos de salir del bar me percato de que no llevo conmigo el teléfono. Regreso raudo y veloz para comprobar si me lo he dejado en la barra, pero está vacía. Pregunto a los camareros y no lo han visto. Sé que al entrar en el local lo tenía conmigo, así que el diagnóstico está claro: alguien me ha robado el móvil.

EL MISMO DÍA, OTRO POCO MÁS TARDE:

Llamo a mi número. Como era de prever, “apagado o fuera de cobertura”.

EL MISMO DÍA, UN PAR DE HORAS MÁS TARDE:

Llevo al bar unos cartelitos que he elaborado y los camareros tienen la amabilidad de situarlos en un lugar bien visible. En ellos informo de mi interés en recuperar la tarjeta de memoria, en la esperanza de que el desaprensivo que se haya apoderado del aparato pueda dejarla en cualquier rincón del bar.

EL MISMO DÍA POR LA NOCHE:

Tomo una decisión: voy recuperar mi móvil (“hazlo o no lo hagas…pero no lo intentes”).

EL MISMO DÍA POR LA NOCHE, UN POCO MÁS TARDE:

Preparo un escrito dirigido al Juzgado de Instrucción de guardia. En él, tras unas breves explicaciones técnicas, intereso las siguientes diligencias urgentes:

—Que se requiera a todas las operadoras móviles de España aportando los datos sociales de Movistar (Telefónica Móviles España S.A.U.), Vodafone (Vodafone España S.A.), ORANGE (France Telecom España S.A.) y EUSKALTEL (Euskaltel S.A.) a fin de que, con carácter urgente, comuniquen al juzgado cualquier conexión o intento de conexión que en adelante se realice desde el terminal identificado con el número de “International Mobile Equipment Identity” (IMEI) 00000000000 (número figurado), cualquiera que sea la tarjeta SIM empleada. Expresamente se debe establecer que se ocultará al usuario el seguimiento realizado y en ningún caso se bloqueará el terminal.

—Que se requiera en los mismos términos a las compañías que gestionen las estaciones de comunicación BTS.

—Que se requiera a la operadora móvil que detecte cualquier conexión o intento de conexión para que facilite al juzgado la identidad y datos de localización del titular de la SIM que se emplee, así como la localización exacta de la estación que le preste cobertura. Asimismo, deberá facilitar las localizaciones de cobertura que esa misma SIM obtenga aunque sea desde otro terminal.

—Que se oficie al Grupo de Comunicaciones de la Brigada de Investigaciones Tecnológicas de la Policía Nacional a fin de que coordine las investigaciones anteriores.

 

AL DÍA SIGUIENTE; POR LA MAÑANA:

Presento el escrito ante el juzgado de instrucción de guardia.

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HORAS MÁS TARDE:

Providencia del Juez de Guardia, que no acuerda la tramitación como urgentes de las diligencias. Intereso remisión al Juzgado Decano para reparto. Se acuerda.

MEDIADOS DE JULIO:

Reitero mi petición ante el Juzgado al que se ha turnado el procedimiento.

FINALES DE JULIO:

Malas noticias: Por Auto del día 16, el juzgado acuerda la incoación de diligencias previas y al mismo tiempo decreta el sobreseimiento provisional de las actuaciones.

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FINALES DE JULIO (MÁS HACIA EL FINAL):

Se notifica la anterior resolución al fiscal.

PRINCIPIOS DE AGOSTO:

Interpongo recurso de reforma y subsidiario de apelación contra aquel auto.

 

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MEDIADOS DE AGOSTO:

A mi juicio, clamoroso error del juzgado: ME REQUIEREN PARA LA SUBSANACIÓN DE UN DEFECTO DE POSTULACIÓN AL NO VENIR PRESENTADO EL RECURSO CON REPRESENTACIÓN DE PROCURADOR. Tratándose de una diligencia de instrucción, y concurriendo en mi la condición de denunciante, perjudicado y letrado, no necesito tal representación para la reposición, que es lo que tiene que resolver el juzgado. Acudo con los ojos como platos a la oficina judicial. Hablo con el oficial y me estampa: “No…si ya…pero es que aquí no nos poníamos de acuerdo sobre si esto era con procurador o no…”. Vale.

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TRES DÍAS DESPUÉS:

Para evitar nuevas dilaciones, y siendo cualquiera una gran ocasión para encontrarme con la procuradora más eficiente, más habilidosa y más simpática de Madrid, presento escrito de subsanación. Habida cuenta del tiempo transcurrido, aprovecho para cambiar, mediante otrosí, el tenor de los requerimientos propuestos en el primer escrito, a fin de que la investigación no solo se plantease en términos de futuro, sino desde la fecha de la sustracción.

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PRINCIPIOS DE SEPTIEMBRE:

Apud acta para apoderar a la procuradora.

MEDIADOS DE SEPTIEMBRE:

Escrito de la fiscal. A ver, a ver… ¡SE ADHIERE A LOS ARGUMENTOS DEL RECURSO Y PIDE SU ESTIMACIÓN!

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DOS DÍAS DESPUÉS:

Definitivamente ha cambiado la dirección del viento. Auto estimando el recurso de reforma. Se acuerda la reapertura de las diligencias previas. Se libran todos los requerimientos y oficios que había pedido.

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MEDIADOS DE OCTUBRE:

Escrito del Director de Seguridad de ORANGE. Ninguna conexión.

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MEDIADOS DE NOVIEMBRE:

Contacto con responsables jurídicos de las demás compañías para interesarme por el estado de los informes solicitados. Voy preparando escritos para interesar la reiteración de los requerimientos. ¿Acabaré llevando, como hijos inesperados de este experimento jurídico, otros tres procedimientos contra ellas? No, seguro que no…

FINALES DE NOVIEMBRE:

Escrito del Responsable de Relaciones con la Administración de Telefónica: Se ha detectado una conexión posterior a la fecha que se les había indicado a través de su red. Facilitan la localización de la estación BTS y el número de la tarjeta SIM utilizada. También 70 páginas con la localización de las últimas conexiones que esa SIM ha tenido desde otros terminales. Las voces (reales, no paranoicas) que a mi alrededor atronaban un “¡Pedazo de tarado, ni muerto vas a volver a ver tu móvil!” se reducen en un 20%. Empiezo a recibir adhesiones a la causa, al más puro estilo Forrest Gump (nota mental: reflexionar antes de elegir el próximo símil). A decir verdad, no son los primeros del todo. La primera fue mi esposa, convencida de que esto acabará exitosamente desde el mismo día de la sustracción. La procuradora también lo cree.

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FINALES DE NOVIEMBRE:

Conversación con el nº 2 del Grupo de Telecomunicaciones de la BIT. Le propongo que hable con el departamento correspondiente de Telefónica para recordarles que también se les ha requerido para que faciliten la identidad del titular de la SIM.

AL DÍA SIGUIENTE:

Suena el teléfono. Es el de la BIT. Malas noticias. Es una tarjeta de prepago adquirida con anterioridad a la obligación de facilitar la identidad del comprador.

PRINCIPIOS DE DICIEMBRE:

Reunión en la sede de la BIT. Tengo delante la carpeta con las diligencias policiales. Es uso habitual poner un nombre sencillo de recordar a las operaciones que realizan, y el de ésta aparece escrito en letras enormes sobre la portada: Operación HÍBIRIDO (en mi denuncia describía el terminal sustraído como un dispositivo híbrido con funciones de PDA y teléfono). Analizamos diferentes vías de actuación. Los policías están convencidos de que lo que hay que hacer es analizar el tráfico de llamadas de la tarjeta SIM que se utilizó (una única vez) desde mi teléfono, seleccionar los números más habituales, identificar a sus titulares, tomarles declaración y preguntarles sobre la identidad del titular del número investigado. A primera vista, esta vía no me convence demasiado, pues, temeroso del garantista procedimiento penal, no puedo evitar imaginar decenas de alegaciones sobre irregularidades en la obtención de pruebas, vulneración de derechos constitucionales y todas esas cosas. Les pido que lo paren unos días. Ningún problema.

MEDIADOS DE DICIEMBRE:

Empiezo a estudiar los posibles escenarios. Que haya sido algún ratero que en un descuido alargó su mano mientras yo leía ensimismado (siempre he pensado que debería ser “enmimismado”) el periódico. Que haya sido un chaval de 19 que, al salir yo de la cafetería, lo encontrase reluciente sobre la barra y dijese… ¡PREMIO! Que haya sido el camarero… no, esto no puede ser. El camarero que estaba aquel día me conoce desde hace tiempo. Fue muy amable al colgar los cartelitos con la desaparición. Se tiró meses y meses contándome historias sobre cosas valiosas que había encontrado en el bar y todos los esfuerzos que hizo para localizar a sus dueños. Se acordó muchas veces, en voz alta, de la familia de quien me lo haya robado. Me describió a personas que aquel día estaban en el bar y de las que sospechaba vehementemente. De vez en cuando, cinco meses después, todavía me recuerda aquello levantando las cejas y diciendo “hay que ver que gente mala”…. Un momento… Un momento… ¡Mierda! (nota mental: reflexionar antes de elegir la próxima interjección).

EL MISMO DÍA DE LA REFLEXIÓN ANTERIOR; UN POCO MÁS TARDE:

Me siento a estudiar la documentación remitida por Telefónica. La conexión realizada desde mi terminal se hace desde un barrio de Madrid. Eso no ayuda mucho. Sin embargo, tras dejarme los ojos sobre los minúsculos caracteres que pueblan la infinita tabla de otras conexiones llevadas a cabo con la misma SIM, me llama la atención que, mientras la mayoría de las conexiones se realizan también en Madrid, varios fines de semana se hacen a través de una BTS situada en un pueblo de una provincia lejana. Busco en internet el nombre del pueblo. Poco más de 100 habitantes. Oh, maldita tentación.

UNOS DÍAS DESPUÉS:

Acudo al bar. “Una Coca-Cola, por favor”. “Hay que ver cómo está el mundo…” “Oye, Fulano (nombre figurado), ahora hablando contigo me estoy dando cuenta de que hablas igual igual que un amigo mío de [NOMBRE DE LA PROVINCIA], ¿no serás de allí?”. Responde Fulano: “¡Pues sí señor, de [NOMBRE DEL PUEBLO]!”. Se para el tiempo. Se me acelera el corazón. Recurro al repertorio de trucos que vienen de serie con los niños para cuando la profesora va a preguntar la lección y uno no quiere que se le altere ni un músculo de la cara, para no llamar la atención. Parece que tiene éxito, porque Fulano sigue hablándome de las bondades de su tierra. Río las gracias. Bebo Coca-Cola. Pago. Me marcho.

MINUTOS MÁS TARDE:

Preparo un escrito dirigido a la BIT y al Juzgado informando de la oriundez de Fulano y la coincidencia con el pueblo que se repite en el seguimiento de la SIM anónima. Llamo la atención sobre el hecho de que el IMEI es una numeración única para todo el mundo, y que el hecho de que el titular de la SIM que se asoció a él esté relacionado, de todo el planeta, justo con el minúsculo pueblecito del camarero que se encontraba allí en el momento de la desaparición del terminal, no deja mucho margen de dudas.

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FINALES DE DICIEMBRE:

Estoy en una comisaría de Madrid. He averiguado el breve horario en que Fulano está sólo en la cafetería, y he quedado con los de la BIT en que requerirán a los policías de esta comisaría para que se personen allí. Su primera intención, habida cuenta de que se trata de un delito (por la peritación del efecto sustraído), era detenerle y tomarle declaración en comisaría. Intercedo para que no sea así, más por mi propia tranquilidad que por compasión. No funciona el fax, luego no les entra la orden. Los de la BIT hablan por teléfono con el comisario. El comisario dice que sin una instrucción por escrito, allí no se hace nada. A casa.

UNOS DÍAS DESPUÉS:

He quedado con los de la BIT en un local cercano a la cafetería de Fulano. Ya están aquí. Recapitulación general. Todo claro. Comienza la Operación Híbrido.

CINCO MINUTOS DESPUÉS:

Un policía de uniforme impone, pero un policía vestido de calle exhibiendo su placa impone muchísimo más. Delante de Fulano hay dos de éstos. “¿Es Vd. Fulano?” “¿Nos permite su documentación?” “¿Usted recuerda que a principios de verano…?” Fulano recuerda perfectamente la desaparición del teléfono, pero se indigna hasta cotas indescriptibles ante las sospechas. Uno de los policías se lo dice claro: “Verá, Fulano, tenemos pruebas irrefutables de que…”. Fulano aguanta… ¡AGUANTA, FULANO! No hay nadie más en la cafetería, pero si lo hubiera habría votado por su inocencia. Yo mismo lo habría hecho. Sigue el policía “¿Es este su número de teléfono?” “Pues no, mi teléfono es éste, llame usted para comprobarlo”. El policía hace la comprobación. Llama al número de la SIM anónima y el teléfono de Fulano no suena. Fulano se crece. Vuelve a hablar el policía “¿podemos marcarlo en el suyo?” Fulano duda un solo segundo, pero accede. El policía marca el número. Antes de que dé tono, aparece un nombre en la pantalla del móvil de Fulano: MENGANA (nombre figurado) (lo de “nombre figurado” no aparecía en la pantalla del móvil de Fulano, es un apunte mío). El policía: “¿Quién es MENGANA?” Fulano explica quién es Mengana y afirma “Hombre, ahora que me acuerdo, unos días después de que este señor perdiera su móvil yo me encontré uno en una papelera…”. En realidad la conexión con la tarjeta de MENGANA se hizo menos de 24 horas después de la desaparición del móvil. Le exponen los motivos por los que le perjudicaría no devolver el terminal voluntariamente. A continuación le preguntan dónde está. “En mi casa, en un cajón…solo lo encendí una vez para ver si funcionaba. Desde entonces está guardado”. Habla uno de los policías: “Persónese mañana a las 9 de la mañana en esta dirección con el móvil en la mano. Si no lo hace, mandamos a alguien a por usted”. Fulano jura que allí estará.

AL DÍA SIGUIENTE:

Han asignado abogada de oficio a Fulano. Comparece. Entrega el móvil. Presta declaración.

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UNA HORA MÁS TARDE:

Comparezco en la BIT. Me enseñan el móvil. Es mi HTC P-3300. Antes de siquiera tocarla, les pido que la enciendan y comprueben su estado. Lo fundamental sigue ahí, pero el tipo ha reseteado todos los archivos de contactos y tareas. Pido que conste en el acta antes de la entrega. Cojo el móvil. Han pasado 8 meses y 9 días. Misión cumplida.

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MEDIADOS DE ENERO:

Su señoría imputa a Fulano y le cita para declarar. Se le asigna procuradora.

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DESDE ENTONCES Y HASTA HACE UNOS DÍAS:

A partir de aquí, mis obligaciones deontológicas (que son, contra lo que en ocasiones se cree, norma jurídica y no sólo moral) me impiden dar detalles sobre cómo transcurrió el procedimiento, pues implican constantes contactos con la abogada del imputado (es reconfortante encontrarse abogados que se toman tan en serio el turno de oficio). Digamos que se hizo justicia sin ensañamiento. En cuanto a Fulano, si algún día salen ustedes de una cafetería y aparece corriendo un camarero porque se han olvidado cinco céntimos, es muy probable que se trate de él.

MORALEJA:

Si ocurre un asesinato, un secuestro u otro hecho de semejante gravedad, uno va a contar con el amparo de las instituciones aunque esté en la última república bananera. Y es que la nota diferencial de los sistemas avanzados está precisamente en la garantía de la pequeña justicia, la que impide que un policía nos pida “propina”, la que protege con toda su fuerza hasta la más pequeña de las propiedades, la que nos da los medios necesarios para defender nuestros más particulares intereses, la que aplica, en definitiva, el proverbio erigido en pretencioso lema de este blog (fiat iustitia etsi ruat caelum). Por eso, me llena de orgullo y satisfacción que la conclusión de este experimento sea que, por más que nos quejemos (y por más que haya infinidad de cosas que mejorar), aquí “el sistema”…funciona.

Published in: Uncategorized | on March 19th, 2009 | 145 Comments »